miércoles, 12 de junio de 2013

SONIA BETANCORT





Cautiverio



Esta es la primera vez que mi cuerpo accede a su sombra
entonces sé que está aquí es la primera vez que lo advierto
mi cuerpo está aquí con su traje dulcísimo
me prende a una puerta que se abre
soy su cuerpo al revés soy el envés de mi cuerpo
soy el cuerpo que mi cuerpo observa

ya un tiempo atrás palideció su traje
mi sexo se expandía en un hospital
con una púrpura en la frente
abarqué el tercer ojo de las intuiciones
y vino la luz de la mano de una mujer
que retrocedía hacia la cueva

hoy el roce de mis manos inmortaliza
progresa por minutos en la fecha
cada gesto desmesurado
se cuela en los visos de esta corporeidad
por ejemplo se acumula el aire en las muelas
y eclipsa mi boca como una ventana
o recuerdo que caí en el rumor del desasosiego
y en el estómago heredé una semilla barnizada

mi cuerpo está aquí me hace pronosticar lo inservible
duele librarse de ese sucedáneo
esa virtud de lo opaco para alejar la pureza

ahora el cuerpo se estremece en su gajo
es la primera vez que lo veo y lleva una borrasca
me atrapa para consolarme
burla la catástrofe
me acerca a los anillos del árbol

está aquí es la primera vez que lo sé
mi cuerpo es otro cuerpo que se observa
mi cuerpo es un destello que se escurre
mi cuerpo está detrás tiene que estar detrás

serán
el imán o la sombra
la respuesta de su cautiverio

Del libro “El cuerpo a su imán”

ROSA LENTINI





La rosa de hielo


La rosa esculpe
sus violentos colores en el frío,
y no es sino quimera de la rosa
en la nieve, rosa de invierno,
agua helada, blanco en lo blanco,
ofreciéndose .
La rosa crepita en la llama,
y en la desolación de la nieve
no hay deshielo demasiado lento.

De "El sur hacia mí”


RAFAEL DE LEÓN





Muerto de amor



No lo sabe mi brazo, ni mi pierna,
ni el hilo de mi voz, ni mi cintura,
ni lo sabe la luna que está interna
en mi jardín de amor y calentura.

Y yo estoy muerto, sí, como una tierna
rosa, o una gacela en la llanura,
como una agua redonda en la cisterna
o un perro de amarilla dentadura.

Y hoy que es Corpus, Señor, he paseado
mi cadáver, de amor iluminado,
como un espantapájaro siniestro.

La gente, sin asombro, me ha mirado
y ninguno el sombrero se ha quitado
para rezarme un triste padrenuestro.



ALFONSO FREIRE



  

Cuando quise regresar

  

Cuando quise regresar
Tú estabas partiendo
Mi corazón
Caía entre la lluvia y tus besos
Tierna
Mirabas detrás del aeropuerto
Nuestra partida
Y sin equipaje valído ente tu imagen
Me lancé al vacío
Para iniciar mi búsqueda
Debajo de tu piel.
Sigo por un camino que arde
Y la amistad se desintegra
Quedando solo algunos árboles heridos
A los cuales abrazo para no caer
En la hoguera
Y encontrar el cántaro fresco que llevas en tu cintura
Cuando quise regresar
Ya no estaban los amigos
Pero estabas tú
En el último control de carretera
Con una bandera limpia entre tus manos
Y una sonrisa que iluminaba el camino
Cuando quise regresar
Ya había llegado al desamparo
En medio del grito
Estabas esperando en mi poesía
Buscando razones para hacerme levantar los brazos
Y encontrar los tuyos
Salir de la esquina amorosa
Para reconocer la vida
Después de tanta muerte.


martes, 11 de junio de 2013

RENATO SALES HEREDIA






Un hombre sabe ser una isla…



Un hombre sabe ser una isla,
a veces,
le duele saber
que sabe
que estar solo
nada remedia;
que no hay tiempo
y sí
mucho miedo
y pocas luces.
se parte los huesos,
los recuerdos,
le hace muecas
a su imagen
y también a su semejanza;
pretende imaginar:
dice:
todo es lo que inventamos.

Pretende no pretender,
se confunde,
llora, se quema
en una mierda
que si bien dijo amar
no es todo
y saben los puentes,
las cenizas,
las escoltas,
las letras de cambio
y los que nunca llegan,
los que dicen:
nada remedia, a veces,
saber que el hombre
sabe ser una isla.


De: Para que partan los pájaros
Traducción de Felipe Sentelhas


ANTONIA TORRES





No es de la fosforescente rama de abedul


No es de la fosforescente rama de abedul
de donde cuelga la imagen
ni está en el tiesto de café en el fondo de la taza,
ni en el humo de cigarro al final de la fiesta
ni tampoco en su sabroso olor entre mis dedos.

apenas si se puede contener la tentación de escribir sobre una fotografía,
imagen desteñida de una memoria mecánica,
cuando todo es imagen qué se puede decir;
mejor es amarrar la barca a la orilla de esta página
mientras las confusas instantáneas de la realidad
den vueltas y vueltas como un disco en el pick-up
desprendiéndose de toda palabra innecesaria
toda metáfora de más:
y ya en la orilla, sólo el abedul,
su fosforescente rama
para observar el cielo.


LAURA GIORDANI




  
El Corazón 



En cada pecho hay un sol sepultado,
con su pulsación clandestina,
su madriguera de temblores
y una confesión de sobrevida
en los labios.

En cada pecho, una rotura,
un hueco para alojar la verdad
que no soportarían los ojos:
el aleteo de un pájaro lacerado sostiene el mundo.