domingo, 3 de agosto de 2014

JORGE GUILLÉN

 

Amor dormido

 
Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa
rodeaste mi insomnio. ¿Apartabas así
la noche desvelada, bajo la luna presa?
tu soñar me envolvía, soñado me sentí.

 

 

JUAN LARREA





Brisa loca

 

 
Un esplendor sin velos en el hueco del aire
¿quién no ama a las gaviotas que desprenden tus buenos modales?
quemando impaciencias en el corazón del mar
deja ondear el ritmo de una veleta altanera
por otra parte nada es más digno de ti que
el pudor de un párpado humedecido

(pero tú te equivocas de
tristeza y de lámpara
soñadora
pequeña casa gris
tristeza de la lámpara
de las abnegaciones en el fondo marítimas
por una extraña coincidencia
camisa gris apenas
con toda el alba esencial de una botadura de barco
me  deslizo camisa
hacia el infinito
me deslizo
camisa
con placer)

 

GERARDO DIEGO



 

Amor

 
 

Dentro, en tus ojos, donde calla y duerme
un palpitar de acuario submarino,
quisiera - licor tenue al difumino -
hundirme, decantarme, adormecerme.

Y a través de tu espalda, pura, inerme,
que me trasluce el ritmo de andantino
de tu anhelar, si en ella me reclino,
quisiera trasvasarme y extenderme.

Multiplicar mi nido en tus regazos
innumerables, que al cerrar los brazos
no encontrases mi carne, en ti disuelta.

Y que mi alma, en bulto y tacto vuelta,
te resbalase en torno, transparente
como tu frente, amor, como tu frente.

 

sábado, 2 de agosto de 2014

MAURICIO BACARISSE


 

La luna

 
 

La luna es sólo la luna,

y no se parece a nada.

 

No vale buscarle imágenes,

ni tropos ni semejanzas.

 

Yo acaricié aquella noche

las breves manos doradas,

 

las que ni desear pude,

las manos nunca soñadas.

 

En el río de arco iris

coreaban mil cascadas.

 

No eran laderas fluidas

de cordilleras de agua;

 

no eran tampoco caderas

de las náyades más cándidas.

 

No eran de piedra ni carne

sino de cosa más clara,

 

que sigue siendo lo que es

aunque sea destrizada.

 

Eran un poco de música

única e inesperada.

 

Sus manos eran sus manos,

en las mías anidadas.

 

La luna era incomparable,

redonda, contenta y alta.

 

¡Quién me volviera esa noche,

aunque muriera mañana!

 

La luna es sólo la luna,

y no se parece a nada.

 

 

 

FERNANDO VILLALÓN


 
 

Sus ojos

 

Negros faroles sus ojos.
Su boca roja granada.
Cuchillito su nariz
sobre el labio apernacada.

Dos rosas en los oídos.
Dos hoyuelos en la barba.
De negra noche, dos trenzas
sobre los hombros de malva.

Dos piñones del pinar
de su cuerpo en dos manzanas
-blancas y rojas palomas
del palomar de las Gracias-.

A dormir va la pureza
del lino. Sábanas blancas
besarán entre sus pliegues
a la niña blanca, blanca

 

 

PEDRO SALINAS


 

¿Fue como beso o llanto?...



¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos
con las manos, buscándonos
a tientas, con los gritos,
clamando, con las bocas
que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
y materia, combate
de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria
gozosa de los dos,
en prodigioso pacto
de tu ser con mi ser
enteros?
¿O tan sencillo fue,
tan sin esfuerzo, como
una luz que se encuentra
con otra luz, y queda
iluminado el mundo,
sin que nada se toque?

 

 

 

JORGE GUILLÉN

 

Perfección



Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el redondamiento
del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,
central sin querer, la rosa,
a un sol en cenit sujeta.
Y tanto se da el presente
que el pie caminante siente
la integridad del planeta.