domingo, 4 de noviembre de 2012

JORGE LUIS BORGES




  

El Mar




Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.

GABRIELA MISTRAL




  
Besos



Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

sábado, 3 de noviembre de 2012


CRISTINA PIZARRO






Una quimera



Te amé entre la letra negra de átomos iracundos.
En el instante fugaz de  un encuentro azaroso.
En la embriaguez de un corazón transfigurado
por resplandores marchitos.
En la tormenta estival de amores desechos.
En la ruptura del otoño imaginando tus orgasmos.
Cuando ofrendé mis ríos tenebrosos desde este cuerpo frágil.
Al presentir la despedida  de una vida en ruinas
sobre mis fatigadas vértebras y
enmascarada con la violencia  de una pasión salvaje.
Aquellos jacarandáes de nuestro jardín en celo
cubrieron nuestros cuerpos con su sangre y se unieron reflejados
como mantas de colores,  tejidas hace mucho tiempo.
Yo sé que tú imploras la caricia
con la conciencia despierta  de nuestra América,
donde se yerguen ufanas las ciudades perdidas.
Te sigo amando porque me llamas a gritos
En tus noches sin estrellas y en tus soles patriarcales.
Porque dejaste la tierra áspera
inundada de  semen esperanzado.

SERGIO GARCÍA




Ni como olvidarlo…



A María Judith



Ni como olvidarlo
una noche de mar picado
tu pelo enmarañado por el viento
y tus manos tratando de trenzarlo.

OSWALDO ROSES






Siempre estás lejos



Aunque no estés, al viento lanzo el sueño
porque lo lleve el mar hasta tu lado;
sólo quiero, ¡por Dios corazonado!
que nuestro amor ya salga de pequeño.

Me persigo la miel y la consigo
porque no dé contra el dolor que crece;
la aguantaré, pues, donde no fenece,
luego hechizándola a un sol de trigo.

Ay, ¿qué he de hacer yo, dí, por lo cercano
pronto por alcanzar lo más lejano?;
tú allí, mientras yo entre lo afligido

vivo luchando todo lo que puedo,
luchando contra la ira y contra el miedo,
ciego sonriendo a lo que está perdido.

EMILIO BALLAGAS






Nocturno




¿Cómo te llamas, noche de esta noche?
Dime tu nombre. Déjame
tu santo y seña
para que yo te reconozca siempre
a través de otras noches diferentes.

Tú me ofreces su frente en medialuna
(medialuna de carne),
sus labios (pulpa en sombra)
y su perfil al tacto…
(Mañana mi derecha
jugará a dibujar su contorno en el aire).

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?
Dime tu nombre. Déjame
tu santo y seña
para que yo te reconozca
siempre
a través de otras noches diferentes.
¡Y que pueda llamarte gozoso,
trémulo,
por tu nombre!