domingo, 1 de diciembre de 2013

LAURA VICTORIA



  
Amor no es


Ya ni versos escribo, sólo queda
este soñar de lágrimas teñido,
y una queja distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.

Amor no es, es algo que remeda
la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.

Algo que ayer fue lirio de mi fuente,
frescura de mi noche, y suavemente
luminar en mi senda florecida.

Algo que en mi agonía aún retengo,
porque es la única verdad que tengo
y no puedo arrancarla de mi vida.




MEIRA DELMAR




De paso


No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas apresuradamente
hacia la sombra,
y vas dejando caer,
como el que se despoja
de sus bienes,
todo aquello que amaste,
las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio tu tristeza,
sueños
inacabados.
Al final, casi
vacías las manos,
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo,
como u hilo de agua
entre los dedos.


MARÍA MERCEDES CARRANZA



  
Extraños en la noche


Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor; estas
calles son el laberinto que he de andar y desandar: todos los
pasos que al final serán mi vida. Grises las paredes, los
árboles y de los habitantes el aire de la frente a los pies. A
lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno, un verde
Patinir de laguna o río, y tras los cerros tal vez puede verse
el sol. La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida; nos
unen el cansancio y el tedio de la convivencia pero también la
costumbre irremplazable y el viento.


sábado, 30 de noviembre de 2013

JOSÉ LEZAMA LIMA




Son diurno



Ahora que ya tu calidad es ardiente y dura,
como el órgano que se rodea de un fuego
húmedo y redondo hasta el amanecer
y hasta un ancho volumen de fuego respetado. 

Ahora que tu voz no es la importuna caricia
que presume o desordena la fijeza de un estío
reclinado en la hoja breve y difícil
o en un sueño que la memoria feliz
combaba exactamente en sus recuerdos,
en sus últimas, playas desoídas. 

¿Dónde está lo que tu mano prevenía
 y tu respiración aconsejaba?
Huida en sus desdenes calcinados
son ya otra concha,
otra palabra de difícil sombra.
Una oscuridad suave pervierte
aquella luna prolongada en sesgo
de la gaviota y de la línea errante. 

Ya en tus oídos y en sus golpes duros
golpea de nuevo una larga playa
que va a sus recuerdos y a la feliz
cita de Apolo y la memoria mustia.
Una memoria que enconaba el fuego
y respetaba el festón de las hojas al nombrarlas
el discurso del fuego acariciado.


SERGIO GARCÍA ZAMORA




Viviendo en Matanzas


Sales a las cinco
de la mano con tu amor.
Cruzas y recruzas sobre el San Juan murmurante.
Has vivido siempre con el río a la cintura:
Escamandro personal, devenir heraclitano.
Cruzas y recruzas sobre la vida
de quien es para tu vida un puente.
Muchachos altos como bagás
cabecean en la orilla.

Junto a la Ermita de Monserrate
habrás hecho tal vez tu confesión:
no pensaste escribir la palabra loma,
miedo provincial a decir altísima loma
y quedar en soledad como ha quedado
el sueño de Cuba en la manigua.

Sales a las cinco
hacia la entraña del día mambí.
Avanzas entre la gente que marcha a sus trabajos,
entre la gente que vive
medio aturdida, medio degollada.


DANIELA DÍAZ ÁLVAREZ




Piedras de azufre


Dios preñó mis piernas.
Tomó los muslos, atrincheró el vientre.
Rasgó las venas.

Compartí el chasquido de sus dedos.
Salvaje criminal en las noches.
Iluminó la uña crujiente del pasado.

¡Dios me ha hecho el amor tantas veces!
Dientes que olvidan los labios,
despertar de hombres.
Televisor incrustado en el pecho de mi amante.

Lloro piedras de azufre.
Golondrinas en parques vacíos.
Soledades no existentes.




CARLOS PINTADO





Un niño oscuro y solo me conmueve


Un niño oscuro y solo me conmueve
como el cadáver viejo de algún muerto.
Como el cadáver viejo de algún muerto,
un niño oscuro y solo me conmueve.

Saberlo en la penumbra me entristece,
como la tarde gris cuando me mira.
Como la tarde gris cuando me mira,
Saberlo en la penumbra me entristece.

¿Qué me separa acaso de sus manos?
¿Qué tiempo inabarcable y hondo pasa
entre los dos, de pronto en una plaza
y al querer acercarnos todo es vano?
Un espejo, una fuente nos separa.
En otro tiempo estamos cara a cara.