sábado, 30 de noviembre de 2013

JOSÉ MARTÍ




Sed de belleza



Solo, estoy solo: viene el verso amigo,
Como el esposo diligente acude
De la erizada tórtola al reclamo.
Cual de los altos montes en deshielo
Por breñas y por valles en copiosos
Hilos las nieves desatadas bajan
Así por mis entrañas oprimidas
Un balsámico amor y una avaricia
Celeste, de hermosura se derraman.
Tal desde el vasto azul, sobre la tierra,
Cual si de alma de virgen la sombría
Humanidad sangrienta perfumasen,
Su luz benigna las estrellas vierten
Esposas del silencio! -y de las flores
Tal el aroma vago se levanta. 

Dadme lo sumo y lo perfecto: dadme
Un dibujo de Angelo: una espada
Con puño de Cellini, más hermosa
Que las techumbres de marfil calado
Que se place en labrar Naturaleza.
El cráneo augusto dadme donde ardieron
El universo Hamlet y la furia
Tempestuosa del moro: -la manceba
India que a orillas del ameno río
Que del viejo Chichén los muros baña
A la sombra de un plátano pomposo
Y sus propios cabellos, el esbelto
Cuerpo bruñido y nítido enjugaba.
Dadme mi cielo azul..., dadme la pura,
La inefable, la plácida, la eterna
Alma de mármol que al soberbio Louvre
Dio, cual su espuma y flor, Milo famosa.


CARILDA OLIVER LABRA





Vísperas de boda



Voy perdiendo los días de estar sola conmigo,
los días recién buenos ahora descubiertos,
ahora que se van,
y una tristeza hija de mi tristeza grande
me borra lentamente las ganas de soñar;
y nace como un miedo,
un miedo a ser distinta, un miedo a ser normal,
un miedo a ser como otras: calladas y domésticas,
bondadosas, saludables quizás;
un miedo contra esposos, contra cortinas puestas,
un miedo incontenible de tener un dedal.

No sé de qué me escondo, de qué males escapo
ni qué lágrima extraña me llama desde el mar;
pero es que quiero ahora tener el mundo dentro,
volverme sólo tinta sobre el papel cordial,
caer como centella, parir como una araña
y amar, amar, amar.
Pero es que quiero ahora cubrirme con la noche,
crecer en la ternura, ser astro o animal
pues brama el infinito sobre mi propia carne
y siento como un beso de la inmortalidad.

Cuando tomo la pluma ya estoy acompañada
de alguna estrella absurda que no se va a apagar;
así, llena de gente, de historias increíbles,
de ramos de violetas,
de duendes que no hablan, de nubes y retratos
me reúno conmigo como algo natural.
Todo me deja entonces lejana, distraída,
especialmente tonta,
y a veces en la cama puedo no ser verdad.
Y estoy casi feliz y apenas me sonrío,
bailando como lluvia y amable como el pan…
Por eso en estas vísperas del día de mañana
(adiós, mi libertad)
hago como quien rompe promesas y contratos
y muere de jamás
pues soy una criatura ajena a compromisos
y temo por mis alas que sí saben volar.



viernes, 29 de noviembre de 2013

OSCAR CRUZ



  
Salutación fraterna al taller mecánico



como aquél que tuerce alambres
con sus dedos, dura es la moldura
de mis manos, y duros son también
mis argumentos.
si eres de armadura frágil, si tienes
en tu cuerpo la arrogancia de la leche,
no me demores, lárgate lejos.
siempre que duermo con una mujer
me gusta retorcerle los alambres.



JOSÉ LEZAMA LIMA




Oigo hablar



Oigo hablar a un pájaro moteado:
cuacuá.
En la cabeza tres círculos verdes
y los ojitos que abren y cierran la noche.
Las banquetas para los violinistas
y en medio de la pechuga aljamiada
una garrafa saludando como en un minué.
Las levitas y los sombreros
manchados de luna, con alas pequeñas,
corrían a ocultarse detrás de los árboles.
Los violines también detrás de las hojas
crecían escindidos pisados por la escarcha.
El violinista de levita morada exclama:
cuacuá.
Y todos los trombones borrachos en la medianoche
saludaban, alzaban las ventanas,
elevaban por el aire el pelo del violín.
Una pausa y después se oyó:
cuacuá.
Los animales hablaban primero,
el pájaro perfeccionó el diccionario,
la orquesta sólo lo hizo girar, girar,
soltar sus espirales y recogerlas
en la manga con botones heráldicos.
El pájaro en su casaca de abril
nos regaló el lenguaje interpuesto,
el pelo del violín cruzado con el rameado sedoso,
el ojo del pulpo en el ancla al mediodía:
cuacuá.
El violinista con sus pelos angélicos,
impulsados por la orquesta y su tic tac
de escarcha amoratada, saludaba
de nuevo la hoja reverente
y dejaba caer una gota
hidrocéfala con los ojos sangrantes:
cuacuá.



SERGIO GARCÍA ZAMORA






Día Mambí


Tomar un taxi a Santa Clara
con gente de igual o diverso pensamiento,
incluso, de militar pensamiento.

Entrar al Condado, a la batalla,
o al registro de vivienda, ese filo,
aunque nuestras casas no valgan
lo que la manigua.

Con su carga de nativos y turistas,
los caballos se fatigan tomando la pendiente de Dobarganes
igual que en una carga contra soldados españoles.

En industrias textiles y mecánicas
la gente hace la guerra necesaria
y es licenciada como un ejército.

Subes la loma del Capiro con tu hermano
o con el espíritu de quien se dispone a ser tu hermano
y miras la ciudad, el campo de los guerreros,
la columna invasora de tu amor cuando se acerca.

Ahora mismo la vida transcurre
entre el Bélico y el Cubanicay,
entre dos ríos,
y tu madre recoge naranjas agrias
que sombrean en el patio
para exprimirlas sobre el arroz.




DANIELA DÍAZ ÁLVAREZ


  

Herejía


I

Dios inventó los miércoles.
Construye el sollozar del clarinete,
cabalga por las uñas.

Quise probar mi inocencia.
Escribir sin miedo a las arañas.
Voy directo a la cúspide de tus arrugas
no existentes.

Si te beso y olvidas los pies
ya no importa… “ya no importa
cuánta vejez se acumula en estos años”.

II

Dios inventó el clarinete.
La esencia exótica
que deambula como mágica bruja
ansiosa de beber la fragancia de tus óleos.

¿Mis tobillos…? Humm…
Están envueltos en esmaltes.

Dios inventó los miércoles como días comunes.
Yo, creyéndome Dios, reinventé la flauta
para amarte como Dios ama el clarinete.




CARLOS PINTADO




Ante una puerta



Descanso ante la antigua puerta oscura.
Miro sus suaves bordes, su madera
que tan paciente guarda la certera
oscuridad que su interior procura.

Rozo la aldaba en vano. Nadie viene.
Escucho sus lejanas voces solas
Entrar en el silencio como olas
sin las aguas del mar que las sostiene.

Todo retumba en el sagrado fondo
de la casa que el tiempo no ha podido
derribar. Casa y tiempo son olvido.

Descanso ante el umbral. Acaso un hondo
y perdurable horror yo sufro en vano:
mi mano en la penumbra no es mi mano.