martes, 17 de octubre de 2023

ALFREDO HERRERA FLORES

 

 

ALFREDO HERRERA FLORES

 

 

Laberinto / Naturaleza

 


Ciertamente, miramos el laberinto desde adentro.
Fragmentos de naturaleza que confundimos con infierno,
la nuestra es la naturaleza que ha quedado entre dientes,
en el sombrero, en el oscuro cuerpo, en las puertas:
la infancia transcurrida sin remedio.
Convertir la respiración en penumbra me salvaría.
Yo sé que la calle no tiene fin, sonrisa o fe.
Mi habitación en esta ciudad es blanca por dentro,
desde una ventana se puede ver parte del laberinto:
una pared descascarada, un forado, un retazo de cielo.

 

 
Gritar no resuelve nada, la belleza está instalada en la ventana,
a merced de la espuma, junto a objetos mágicos
recogidos en ferias artesanales; nadie la ve, sin embargo.
No hay salida. La catástrofe se ha instalado
en todas las esquinas por donde se señala la salida,
pero no hay puertas, ventanas ni espejos;
una enredadera crece infinita floreciendo cada diez años,
aferrada a los muros infructuosos del encierro.

 

 
Hablar, entonces, de lo que no se puede tocar
para salir de estas calles sin salida, escuchar al mendigo, al orate,
al vagabundo, a mis amigos embelesados con mi ventana descascarada.

 

EDUARDO MOGA

 

 

EDUARDO MOGA

 

 

Poema I

 

 

A Juan Luis Calbarro.

 

Regresas como un pájaro de sueño,
como un fruto caído del tiempo. Hablas
desde el fin de las cosas, despoblada
de labios, grávida de labios, sexo

en el caz del teléfono, deshielo
de besos que habitaron mi garganta.
¿Por qué no permaneces en el ámbar
del silencio? ¿Por qué no sigues siendo

fuego ausente, clamor de nada, oro
muerto, oquedad donde brotó mi nombre?
De alas y oscuridad es tu retorno,

de sombras que respiran. Y yo, insomne
aún de ti, abrasado, oigo tus ojos,
tus cenizas pidiendo que te toque.

 

BALBINA PRIOR

 

BALBINA PRIOR

 

 

Una oficina propia

 

 

Nuestra tarea no es ya recolectar madura fruta
con trampa mortal que se muerda.
Ahora que en la casa dejamos atrás las naves hundidas,
sin olvidar la flor en el cabello
que nos perfuma desde generaciones,
no seremos más
púgiles en un ring sexual de barro,
superdotadas para el teatro del amor,
aficionadas al abalorio antes de iniciar la pubertad,
al ritual de cuerpos engastados en aceites nocivos
para que resbalen todas las enemigas.

No soy cobarde si eso me llaman,
desafío las etiquetas pasajeras de verde disputa
y negro fango, y no gritéis al viento parciales victorias,
si quisiera también hubiera ascendido
por el puente de plata que al deseado trofeo conduce.
Pero si frotamos bien el siglo Veintiuno,
nos permite formular un único sueño:

Él ya no será más mi oficina.
No será su cuenta bancaria,
ni una VISA ORO, corazón de plástico en su cartera,
el ansiado puesto de trabajo.
Él nunca más será nuestra oficina,
el sólo tragaluz para un sótano sombrío,
la única hiedra por la que escalar
el muro a un despacho propio.
Si aún queréis zurcir, cosed líquido valor a vuestras hijas,
en un top Delacroix de pecho desnudo y caminad, caminad.

 

martes, 29 de agosto de 2023


 

ALBERTO NESSI

 


  

Un viento misterioso

 

En los últimos tiempos mi tía modista perdió los cabellos
un viento misterioso se los llevaba de noche
cuando santa Ana se dormía
en la iglesita de Boffalora: en el sueño
todas las horas pasadas hilvanando
regresaban y a cada hora un cabello
se iba, como un copo de nieve:
a la mañana, en el espejo, ya no era ella.

Recuerdo el tinelo con vista al taller
el balcón donde su madre, la vieja Florinda,
pasaba los últimos años al lado de una amarilis
con su cajita de rapé
en los ojos de lino la sombra del paleador
que la había traicionado en el amor, como en la canción:
yo escuchaba su voz enturbiada
agua de río después del chaparrón.

En los últimos años la tía era sacristana
le llevaba las velas a la virgen de yeso
daba un golpe de escoba en el umbral
respondía al rosario para recobrar los cabellos
cambiaba el agua de las flores, me ofrecía Cynar
acortaba mis pantalones en la salita
removía un remordimiento suyo secreto:
afuera pasaba el tren ómnibus de las siete.

 

Versión de Pablo Ingberg

 

DIANA GARZA ISLAS

 

  

 

reliquia,
eveneser, en la contraria
donde bebés
aplazan sus lazos
trotan, cinco a cinco
rifándose la incubadora
no me sueltan, van
desentonándose
lógicamente, al tiempo
guardan sus réplicas
para otra vida
preparan las sopas
y un bonito jabalí
que consiente en dividirnos:
no hay misa de noche

cenizas presentes
y alimentas a tu hijo con pezuñas de caballo

todo sea por alentar
esta aura insaciable

de labias, atributos,
propiedades abolidas

para qué si ni me encuentro
ni tengo equivalencia ni patitas
soy así y no te temo

—mi madre siempre habla de esponjas
eso es importante—

todo lo demás suena ya muy viejo
cómo las hago, las digo, las adorno
aspirar a lo universal; cosas de adultos
con brujas y retórica
sostener el pensamiento
listas
de todo aquello más
o menos fingido

la constancia, la insolencia de ofrecer
moles a la turba

flores, eran flores, sí
gracias, me fascinan—

 

KIMI ISHIWATA

 

  

 

Hijo II

 

Deja este hábito de comprar volteando etiquetas para ver el precio,
mejor descubre lo que realmente quieres.
Siempre que sea algo que te pueda comprar con mi dinero
te compraré cualquier cosa.
Ah, pero
no digo que te lo compraré ahora mismo.

¿Qué es? ¿Una bocina bluetooth?
¿Una patineta de esas con nombre tipo “Blade Runner”?
¿O una de esas series de manga producto de la estrategia de marketing perfecta?

Kenji Ozawa le dijo una vez a su pareja:
“Nombra todo lo que quieras,
si es algo que el dinero puede comprar, lo compraré para ti”.
Yo me siento igual,
pero los padres no podemos dar a los hijos lo que realmente quieren
porque cuando se trata de amor
no lo estamos dando,
sino devolviendo.
Y lo que circula no se puede dar ni tomar
porque es agua que anhela fluir.

Entonces,
si realmente quieres algo, dímelo,
si es algo que puedes decirme
y en tanto que puedas pronunciarlo,
yo lo quiero escuchar de tu boca.
Te compraré todo lo que mi dinero pueda comprar
aunque puede que me tarde un poco.
Si es algo que realmente deseas, no repararé en comprártelo.

Debido a que nunca te he comprado regalos,
ni en navidad, ni en tu cumpleaños,
siento que no me complica si es algo que puedo solventar con dinero

Ahora que si crecer significa hacer más sofisticados tus deseos
probablemente ya seas medio adulto.
Ahora que ya aprendiste a borrar tu historial de búsqueda,
que comienzas a preocuparte por el área oscura debajo de la nariz
y te estás volviendo más reticente cada día,
puede ser que ya sea demasiado tarde para mi deseo de darte lo que quieres.
Lo sé,
y debo admitir, que se debió a mi ego de madre.

Pero dale, vayamos al centro comercial
y busquemos eso que realmente deseas.
Pero si no puedes encontrarlo,
–nomás ríndete– y sigue tu camino por el desierto de la vida.

 

Versión de Yaxkin Melchy