Un
viento misterioso
En
los últimos tiempos mi tía modista perdió los cabellos
un viento misterioso se los llevaba de noche
cuando santa Ana se dormía
en la iglesita de Boffalora: en el sueño
todas las horas pasadas hilvanando
regresaban y a cada hora un cabello
se iba, como un copo de nieve:
a la mañana, en el espejo, ya no era ella.
Recuerdo
el tinelo con vista al taller
el balcón donde su madre, la vieja Florinda,
pasaba los últimos años al lado de una amarilis
con su cajita de rapé
en los ojos de lino la sombra del paleador
que la había traicionado en el amor, como en la canción:
yo escuchaba su voz enturbiada
agua de río después del chaparrón.
En
los últimos años la tía era sacristana
le llevaba las velas a la virgen de yeso
daba un golpe de escoba en el umbral
respondía al rosario para recobrar los cabellos
cambiaba el agua de las flores, me ofrecía Cynar
acortaba mis pantalones en la salita
removía un remordimiento suyo secreto:
afuera pasaba el tren ómnibus de las siete.
Versión
de Pablo Ingberg
No hay comentarios:
Publicar un comentario