Hasta hoy
Hasta hoy sigo recordando
cómo lentamente se iban desvistiendo,
consciente, melancólicamente,
así me parecía, hace ya tanto tiempo.
Los espejos con indiferencia
captaban tatuajes, lunares
y sus espléndidos y carnosos glúteos
así como sus viriles sombras depredadoras.
Si pudiera yo al igual que los espejos
verlo todo sin temblar,
y no como un monstruo en una celda de oro
que no puede su tranquilidad encontrar.
A sus ojos quería yo mirar pero por
miedo
a quedarme ciego no me atrevía
o quizá por miedo a que no volviera a ver
y que de esta no saliera.
Con ojos ciegos me marchaba,
y conmigo se marchaban los demonios,
Más tarde a oscuras me sacrificaban
y gemía miserablemente en mis sueños húmedos.
Y qué más dará que ahora lo recuerde:
lo hecho, hecho está, ya no hay quién te oiga,
excepto los instigadores de la ciega maldad,
más que suficiente como para que te vuelvan a escupir.
Versión
de Marco Vidal González y Katya Gérova
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