sábado, 2 de septiembre de 2023

ROCÍO G. BENÍTEZ

 

 

 

A Teresa


                    mi abuela
no la dejaban salir a jugar
al final de los sembradíos
porque allá
                       se escondían las estacadas:

Mujeres clavadas a la tierra
con una lanza de hierro
en medio de las piernas.
El rebozo en la cabeza
y las manos tan juntas
que parecían rezar.

Eso le contó mi abuela a mi madre
mi madre a mí
                               y yo a ustedes.

 

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