Vitrina
He
acomodado las falsas
sonrisas de mi madre
en una vitrina, con luz azul
a baja temperatura.
Necesita del frío
para sobrevivir la sonrisa reptil
de mamá, sangre fría y quebrantable.
La
sonrisa de mi madre
está mutando, es anfibia, no puede
sobrevivir en agua
ajena. A nosotros nunca
nos preocupó el sonido,
la carcajada que explota
de presión para ser guardada.
Ríe, mamá. El vidrio
de la vitrina habrá de tolerar
la fuerza del grito de tu ahogo.
De
este otro lado, en la bóveda están
las sonrisas de mis hermanos pequeños.
Réplicas inexactas y equívocas
de la felicidad familiar. No hablemos
de sus formas. Todas las sonrisas
son iguales. Representan lo mismo
escapan al lenguaje y la teoría.
Una
sonrisa se escapó y
estuvo corriendo toda la noche,
ha dibujado el sonido de la carcajada
y en el pasillo aún se escuchan
los pasos de su andar.
Otra
sonrisa, más pequeña aún,
lleva desde las siete de la mañana
contándome historias que no ha vivido.
Esboza la forma, los lindes de
sus labios y sus dientes:
Ríe de una vida que desconoce.
Esta
exposición ha sido
criticada. Algunos aseguran
que es una falta de respeto
mostrar
la risa
sin un contexto,
les resulta incómodo
alcanzar a ver la felicidad
cuando desconocen las razones.
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