Menstruación
Un
domingo;
en la mesa de un puesto de pancita,
entre media docena de tortillas hechas a mano y mi mamá,
mi padre me lo explicó.
En
una servilleta dibujó el esquema,
mientras él masticaba bocados de libro y callo,
y sorbía aquel caldo rojo,
yo me enteré de mi futuro.
Le
di unas mordiditas a mi tlacoyo
al tiempo que escuchaba
lo que iba a pasarme
cada mes,
todos los meses,
de todos los años de mi vida fértil.
Dejó
caer unas gotitas de limón y más orégano
—para que agarrara más sabor—
y entonces me explicó
lo que pasaría con mis óvulos si no eran fecundados.
Ahí: en el puesto de doña Mary,
me informaron que las mujeres
teníamos que sangrar para,
algún día,
dar a luz a nuestros hijos.
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