La
nasa
El
mundo comenzó con una mujer,
envuelta en una toca, encorvada bajo una nasa,
cuyos lentos pasos reconoces
en sueños atormentados. Te sientes
obligada
a ayudarla a llevar su carga
desde un cerro o una playa de algas pardas,
pero pasa a tu lado sin ver, imbuida
de su íntimo quehacer.
No
acarrea pájaros ni turba,
ni vellón, ni brillantes arenques,
sino su miedo de que si alguna vez suelta la nasa
el mundo se apagará como una luz.
Versión
de Antonio Rivero Taravillo.
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