Un
trompo
Círculos
continuos, perfectos,
admiro fascinada
la simetría de la inercia,
la danza en movimiento.
Mis
dedos pequeños apresuran
ávidos, acaso temblorosos,
al trompo ahora inmóvil,
delicado loto entre mis manos.
Envuelvo el cordón,
antes blanco, ahora café
de tanto tacto,
tantas vueltas, como nosotros
con el tiempo.
Me
hipnotizan los
círculos concéntricos.
Sonrío al baile giroscópico,
la geometría del juego.
La
voz de mi madre dice
los trompos no son para niñas.
Después la confusión,
la vergüenza.
El
loto se ha enlodado,
el cordón está más sucio.
El trompo ya no hace magia con sus vueltas,
la Tierra sigue girando.
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