"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 8 de septiembre de 2023
ÍBICO
En
primavera los membrillos
Fragmento
286
En
primavera los membrillos cretenses
y del olivo las floraciones, irrigadas por los riachuelos
allí, en los jardines impolutos de las vírgenes,
bajo la sombra del follaje maduradas,
se abren. Pero en mí, Eros
en
ninguna estación se aquieta.
Incienso por el rayo esplendoroso,
el frío viento del norte, como un dardo que viene
de Afrodita, con ráfagas demenciales,
renegrido, temerario, resuelto como un niño
guarda mi corazón.
Versión
del antiguo griego al español de Cristina Pérez Díaz
Nota
de la traductora: Para los fragmentos de Íbico, sigo la edición de D. Campbell
(Greek Lyric, vol. III. Loeb Classical Library: 1991);
DIEGO L. GARCÍA
(Fotografía
#8) Telas de araña
un
comienzo donde lo negro no
sólo es parte lúgubre. puede
brillar y en contrapunto dejar que
la historia desbarranque de su
maqueta: una ciudad en sábado
regular yendo y viniendo de sus
malas invenciones. escribo en el
celular como si pudiera en el
reverso de esa foto. expuesta o
no. ante un espejo que duda de
mí. digo: la captura de un rincón
con goteras y música tributo
pocas veces podrá restituir el
pulso de una vida mejor. sin
embargo no es –entendimos- la
duración lo que hace a una gran
novela. un sujeto cruza entre
rostros de halloween y telas de
araña. pronto se pierde en sus
repeticiones con todos los dulces
de un hecho sin epílogos
De: “Fotografías
KANEKO MISUZU
Maravilloso y extraño, por
alguna razón
Yo no puedo evitar la maravilla y
extrañeza de que, por alguna razón,
las nubes negras de donde cae lluvia
contengan gotas que brillan como plata.
Yo no puedo evitar la maravilla y
extrañeza de que, por alguna razón,
aunque se coman las hojas de la morera que son verdes oscuras
los gusanos de seda se vuelvan blancos.
Yo no puedo evitar la maravilla y
extrañeza de que, por alguna razón,
también sean descuidados con las nienas
y que solitas lleguen a abrirse.
Yo no puedo evitar la maravilla y
extrañeza de que, por alguna razón,
la gente a la que le pregunto esto se ría
y me diga: pero, ¡es que es natural!
Versión de Mario A. Palacios López
KATHLEEN JAMIE
La
nasa
El
mundo comenzó con una mujer,
envuelta en una toca, encorvada bajo una nasa,
cuyos lentos pasos reconoces
en sueños atormentados. Te sientes
obligada
a ayudarla a llevar su carga
desde un cerro o una playa de algas pardas,
pero pasa a tu lado sin ver, imbuida
de su íntimo quehacer.
No
acarrea pájaros ni turba,
ni vellón, ni brillantes arenques,
sino su miedo de que si alguna vez suelta la nasa
el mundo se apagará como una luz.
Versión
de Antonio Rivero Taravillo.
MAURIZIO MEDO
Tren Europa
(Fragmento)
Nací
en el último vagón de un tren llamado “Europa”. No ocurrió así exactamente.
Pero me habría gustado comenzar este libro con una frase de ese calibre, cuyo
estrépito resulte similar al sonido de una dambura rompiendo el silencio
estepario de la noche balcánica. No la pude escribir. Aunque la historia no
tenga principio ni fin, jamás pude oír el eco de una dambura. Tampoco conozco
bien la estepa balcánica. De existir, el tren debió llamarse “Europa”. Partió
desde el Mediterráneo un oscuro otoño de 1948, iniciando un largo periplo con
el único propósito de que el Bora consiga olvidarlo. Los pasajeros no
compartían nada entre sí, salvo el hecho de que todas las ideas que pudieron
rescatar de sus países volaron en pedazos y que, tiempo después, de un modo completamente
involuntario, serían también mis abuelos: il Nonni, Deda y Baka, cada uno
comparecía ante mí como un paisaje sin precedente en la historia del mundo.
Ellos hablaban distintos idiomas. Se expresaban en un tono menor sin entrar
nunca en contacto, ni siquiera para pensar en la remota posibilidad de un
malentendido. La historia solo pudo escribirse a través de esos éxodos. Me
habría gustado decir esto en lengua ligure. Resulta muy semejante al élfico: chi
veû vive da bon crestiàn, da-i begghìn o stagghe lontàn. Eso ahora importa
muy poco, como entonces los europeos para América. Mis abuelos formaban parte
de ese gueto. Aparte estaban los judíos, despojados de su acento como un
recurso de legítima defensa. Mamá prefirió abdicar de tal presente. Ella
pareció huir a través de una foto aparecida en La Stampa, un día de mayo en los
años 40, y no encontró más recompensa que las ruinas de todos esos años
perdidos.
GRACIELA S. SILVA
Menstruación
Un
domingo;
en la mesa de un puesto de pancita,
entre media docena de tortillas hechas a mano y mi mamá,
mi padre me lo explicó.
En
una servilleta dibujó el esquema,
mientras él masticaba bocados de libro y callo,
y sorbía aquel caldo rojo,
yo me enteré de mi futuro.
Le
di unas mordiditas a mi tlacoyo
al tiempo que escuchaba
lo que iba a pasarme
cada mes,
todos los meses,
de todos los años de mi vida fértil.
Dejó
caer unas gotitas de limón y más orégano
—para que agarrara más sabor—
y entonces me explicó
lo que pasaría con mis óvulos si no eran fecundados.
Ahí: en el puesto de doña Mary,
me informaron que las mujeres
teníamos que sangrar para,
algún día,
dar a luz a nuestros hijos.
