La
verdad indecible
Noah
meditaba
en su porche de adobe
al noroeste de Las Vegas
Cuando
un hombre llegó
volando en una nube.
Era Jeon Uchi.
El mago taoísta que vive
en el Monte Taebaek.
Se
llevó a Noah a Corea del Norte
y lo sentó en un tatami en el Monte Taebaek.
Jeon
le dio a Noah una taza de té.
Noah
le preguntó
Cuál es la verdad más indecible.
Jeon
Uchi respondió: “Qué es
una verdad indecible, sino una verdad
que todos saben pero nadie quiere oír”.
Noah
intentó beberse el té, pero
quemaba.
Jeon
Uchi continuó:
“Norman Mailer apuñaló a su mujer,
David Foster Wallace compró una pistola para matar a un tío,
William S. Burroughs disparó
y mató a su mujer. Kerouac
le enviaba pagas a su hija,
pero no quería verla. Toda esta gente
era
gilipollas.
Amaremos
a los otros
por muy mal
que se porten con nosotros.
Perdonamos
a los otros aunque
no nos pidan disculpas.
Sin
redención
ni penitencia.
¿Por
qué amamos a los otros?
¿Por qué perdonamos la maldad?
La estupidez
La superficialidad
Los motivos más oscuros.
Perdonamos
porque estamos unidos,
nos conocemos desde hace tiempo,
nos llamamos familia o amigos.
Queremos follar.
Porque nos entretenemos.
Hasta
perdonamos a los pederastas
si hacen buenas pelis.
La
verdad indecible
es que necesitamos leyes escritas
con orígenes místicos
con armas
que nos contengan.
Porque
también
perdonamos a nuestros amigos
y a nuestra familia. Nos ponemos en su lugar,
hasta cuando sabemos
que se equivocan, y mienten.
El
mundo se hundiría
en un caos sin ley
no porque seamos
bestias salvajes, sino porque
perdonamos tanto.
El
té de Noah ya no quemaba
y se podía beber.
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