Un
hombre en un camión
Llueve sobre campos de colza crecida.
Llueve sobre el asfalto y los arcenes forrados de
genista. Llueve sobre pastos con vacas, colinas con château, pueblos sin gente.
Al pasar por debajo de los viaductos cesa la lluvia un segundo, un suspiro, un
impasse. Y otra vez las vacas mojadas, pastando serenas. Tres filas de camiones
de alto tonelaje y gran cilindrada. Camioneros tan inmutables como las vacas.
Las filas no avanzan. La lluvia no para. El cielo se licúa como si antes
hubiera sido una pieza de hielo. Avanzamos muy poco.
Yo
soy un hombre frágil dentro de mi camión
con
motor biodiesel, híbrido y enchufable
Despiertan
a mi paso las señales dormidas
y
los árboles cierran párpados de madera
El
ojo omnipresente de la tierra
vigila
siempre abierto
No
eludo los designios de las Moiras
Las
señales decretan mis acciones
Las
tormentas recalcan mi caos interior
Soy
un hombre muy frágil dentro de mi camión
trampero
de serpientes blancas y escurridizas
Procuro
no pisarle
el
rabo a las culebras
De:
“Motel Milla Noventa”
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