Este
camino
La
constante de la vida
es
el movimiento,
vector
natural del arrastre
y el
desplazamiento.
Justo
sobre la colina
hay
comida o sexo,
o
solo una vía de escape.
Entre
los haces de hierba,
una
hormiga suelta
una
molécula.
Las
exploradoras son modestas.
Donde
una ha ido,
por
voluntad o por azar,
otras
procuran
ciegamente
seguirla.
Para
un músico, el botín
son
las tonalidades,
“dejar
señales
a lo
largo del camino,
senderos
para regresar
a
casa”. Las tensiones
creadas
se verán
resueltas.
Qué fácil
es perder
el
propósito
de
conseguir
no
sentirte extraviado;
de
cometer un único error,
sintiendo
todo este tiempo
que
el camino de regreso
se
puede desandar,
que
habrá alguna señal
justamente
al doblar
la
siguiente curva.
Seguir
adelante
implica
que uno,
alguien
en quien confías,
conoce
el camino.
Pero
Dios no anda
a tu
lado.
Quedarse
atrás
es
separarse
voluntariamente,
o no.
Ninguna
pista nos aguarda ya.
Para
todos nosotros,
el
camino que seguimos
se
acabará
con
el tiempo, el vector
quedará
a la fuerza detenido.
Pero
no hoy, incluso
si
yo tomara un giro fatal.
A
base de ensayo y error,
afanándome
por respirar
en
este bosque de secuoyas,
ascendí
esta empinada colina
y
contemplé el camino
de
vuelta a casa.
De:
“Los hombres y las moléculas”.
Versión
de Luisa Pastor
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