sábado, 15 de agosto de 2026

ROALD HOFFMANN

 

 

 

 

Este camino

 

La constante de la vida

es el movimiento,

vector natural del arrastre

y el desplazamiento.

 

Justo sobre la colina

hay comida o sexo,

o solo una vía de escape.

Entre los haces de hierba,

una hormiga suelta

una molécula.

Las exploradoras son modestas.

 

Donde una ha ido,

por voluntad o por azar,

otras procuran

ciegamente seguirla.

 

Para un músico, el botín

son las tonalidades,

“dejar señales

a lo largo del camino,

senderos para regresar

a casa”. Las tensiones

creadas se verán

resueltas.

 

Qué fácil es perder

el propósito

de conseguir

no sentirte extraviado;

de cometer un único error,

sintiendo todo este tiempo

que el camino de regreso

se puede desandar,

que habrá alguna señal

justamente al doblar

la siguiente curva.

 

Seguir adelante

implica que uno,

alguien en quien confías,

conoce el camino.

Pero Dios no anda

a tu lado.

Quedarse atrás

es separarse

voluntariamente, o no.

Ninguna pista nos aguarda ya.

 

Para todos nosotros,

el camino que seguimos

se acabará

con el tiempo, el vector

quedará a la fuerza detenido.

Pero no hoy, incluso

si yo tomara un giro fatal.

A base de ensayo y error,

afanándome por respirar

en este bosque de secuoyas,

ascendí esta empinada colina

y contemplé el camino

de vuelta a casa.

 

De: “Los hombres y las moléculas”.

Versión de Luisa Pastor

 

 

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