Marta
La infancia
marca
latidos
en
la memoria
Un
reloj de arena
es
nuestra mirada
el
dolor cronometra
con
10.357 granos
la
caída.
Nos
repartieron
la
sombra
sin
decirnos
que
llevaría nuestra forma.
Desde
los dedos
de
la sombra
creamos
la boca
del
cocodrilo
sobre
la pared
del
sueño.
No
sabíamos jugar
con
nuestra voz
por
eso
esta
infancia no tiene sonidos.
Cuando
aprendí
a
preguntar
devanaron
en el camino
mi
sombra.
Crecí
con
la mitad
de mi
reflejo
a tu
espera
encendí
las palabras
de
cada estación.
Aprendí
a costurar
un
ojal para el sol
de
nuestros días.
Y no
encontré tu sombra
solo
granos del recuerdo.
En
las escondidas dijiste
grita
para salvarme
Digo
Marta
Y
solo caen piedras
sobre
tu nombre.
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