Amores
exiliados
La tierra nos amaba un poco
Yo recuerdo
Rene Char
Emilia
era regordeta y bella con labios carnosos
como
la pubertad
era
un año mayor que yo
dejé
de verla hasta que me la devolvió
ya
muy abuela una página de Facebook.
Bárbara
con su cabello negro como una cascada
llena
de ternura me esperaba al atardecer
en
la esperanza que descargué
por
fin en Cienfuegos
también
de abuela
Ahora
nos enviamos mensajes
más
o menos cariñosos
vía
messenger
Te
recuerdo Gladis la calle mojada
tu
casa mojada tu vulva mojada
la
lluvia en el pelo
no
nos volvimos a ver
Bajo
el candil nos amamos Clara
bajo
el candil de la traición
ibas
a encontrarte con él
con
él con el profesor
resignación
Qué
habrá sido de Isabelita
de
piel morena y ojos de Gioconda
del
pintor Victor Manuel que nunca la vio
pero
la imaginó para siempre
Queda
en cambio la memoria de una guitarra
donde
se aprenden dos acordes al sol
olvido
de ti
María
Mercedes mi prima segunda o tercera
con
aquellos bucles negros y su piel blanca
bella
entre las niñas bellas
a
quien pregunté si quería ser mi novia
y
nunca me respondió porque Dios
se
la llevó con una leucemia fugaz
Nos
amaban la ingenuidad
el
desconocimiento del álgebra
y la
química de la vida
Nos
amaban la esperanza
y la
seguridad de que no había razón
para
no seguir queriéndonos.
Y
tal parece que la tierra en que nacimos
fue
las que nos dejó de amar
el
día en que ocurrió un cambio de rail
y
una parte del tren se fue hacia el mundo
con una
locomotora loca como los tiempos
y
otra quedó flotando con la inercia
a la
deriva en medio de la tempestad
y la
niebla de una llanura infinita llamada exilio
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