martes, 18 de agosto de 2026

ALFONSO QUIÑONES

 

  

 

Amores exiliados

La tierra nos amaba un poco

Yo recuerdo

Rene Char

 

Emilia era regordeta y bella con labios carnosos

como la pubertad

era un año mayor que yo

dejé de verla hasta que me la devolvió

ya muy abuela una página de Facebook.

 

Bárbara con su cabello negro como una cascada

llena de ternura me esperaba al atardecer

en la esperanza que descargué

por fin en Cienfuegos

también de abuela

Ahora nos enviamos mensajes

más o menos cariñosos

vía messenger

 

Te recuerdo Gladis la calle mojada

tu casa mojada tu vulva mojada

la lluvia en el pelo

no nos volvimos a ver

 

Bajo el candil nos amamos Clara

bajo el candil de la traición

ibas a encontrarte con él

con él con el profesor

resignación

 

Qué habrá sido de Isabelita

de piel morena y ojos de Gioconda

del pintor Victor Manuel que nunca la vio

pero la imaginó para siempre

Queda en cambio la memoria de una guitarra

donde se aprenden dos acordes al sol

olvido de ti

 

María Mercedes mi prima segunda o tercera

con aquellos bucles negros y su piel blanca

bella entre las niñas bellas

a quien pregunté si quería ser mi novia

y nunca me respondió porque Dios

se la llevó con una leucemia fugaz

 

Nos amaban la ingenuidad

el desconocimiento del álgebra

y la química de la vida

Nos amaban la esperanza

y la seguridad de que no había razón

para no seguir queriéndonos.

 

Y tal parece que la tierra en que nacimos

fue las que nos dejó de amar

el día en que ocurrió un cambio de rail

y una parte del tren se fue hacia el mundo

con una locomotora loca como los tiempos

y otra quedó flotando con la inercia

a la deriva en medio de la tempestad

y la niebla de una llanura infinita llamada exilio

 

 

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