Los
hombres y las moléculas
Voladizos
grupos metilo,
golpeados
en un movimiento anarmónico sin fin.
Una
molécula nada,
propagando
su funcionalidad,
dispersando
sus centros reactivos.
No
toda colisión,
no
toda precisa trayectoria,
a
través de la cual estas complejas bolas de billar
llegan
a sus predecibles lugares de encuentro,
conduce
a la reacción.
Muchas
de esas colisiones acaban
siendo
un inocuo golpe lateral, sin más.
Un
intercambio de momentum,
una
mera desviación.
Y lo
mismo pasa con nosotros.
El
choque debe ser certero.
Los
ojos necesitan de una cerradura
y
atisbos de un intento de penetración.
El
entorno cuenta.
Un
suave cepillo de mohair
o un
roce de manos.
Una
brisa perfumada.
Los
hombres (y las mujeres) no son
tan
distintos de las moléculas
como
ellos piensan.
De:
“Los hombres y las moléculas”.
Versión
de Luisa Pastor.
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