Curación
popular
oshá
oshá oshá
tiemblo
en mi orgasmo, como las flores cimentadas en el agua, por la roca más pequeña y
el adobe blanco. La lluvia exhuma. Echo un testal al comal. Es casi otoño y el
pino más alto permanece en ventisca, como mi corazón soleado en la sierra de
los Mansos y Pira, Apaches bruma y Jumanos búfalo, Sittin’ on the top of
the world, bajo una estrella solitaria que ilumina a 50 ahorcados
oshá
oshá oshá
Old
Mexico abrasa al West Central. Los piquicurvos, en caderamen de Montaña
Caballo, cantan a Sam la mañana; las cigarras posan en un mesquite frente a mi
ventana. Reconozco las calles, sus cirios y apóstrofes, labrados a doble
espacio por el frágil país que me circunda
oshá
oshá oshá
seduzco
mis recuerdos. Los ojos turquesa de mi abuelo dentro de la azul Balandra, el
cian triste de su madre, sus largos dedos tallando la madera, las manos de su
padre forjando; su dedo izquierdo mutilado, en mar abierto
oshá
oshá oshá
yo
tengo las manos de mi abuelo, y con ellas planeo estas turbulencias, corrientes
que bajan desde Alaska; marinas, ruta de mis ballenas. ¿Hasta dónde llegaste, golondrina
viajera?
oshá
oshá oshá
Me
permanecen los huesos y el mapa de la tierra que habité. Un no-lugar que con tu
raíz
oshá
oshá oshá
quiero
sanar, ataviada de blanco, como mis muertos
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