Músicos urbanos
Siempre me inspiran ternura
los músicos
por más miserable que sean.
Con sus rastas y pulseras
tejidas. Cuando están
en el paso subterráneo
con su oboe de tono
tajante y agudo
tocando la Oda a la alegría
o Highway to Hell,
con el birimbao delante
de las puertas de la ciudad
o con la mandolina sobre las rodillas
debajo de un memorial de guerra,
con esa versión gitana
de una de Katy Perry.
Los músicos siempre
me inspiran ternura;
no hace faltan que estén tumbados
con el contrabajo
o que aleteen aplastados por su fagot
como la cucaracha de Kafka.
Basta con un cuello
que se abulta, una mancha amarilla
donde descansa el violín
o estas mejillas de sapo
de tanto soplar y soplar
la trompeta o el trombón.
Ustedes me animan, músicos
a la velocidad de paso;
detrás del sombrero y sobre los puentes,
cobran apenas
lo que gastan para mantener
el ritmo.
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