jueves, 28 de septiembre de 2023


 

VÍCTOR RUIZ

 

 

 

VIVIMOS PARA LLENAR EL PASADO DE IMÁGENES: un rostro sin gesto dormido a tu lado después de una noche en la que hemos perdido todo, menos el deseo de seguir perdiendo todo, un par de adolescentes que se aman con prisa sobre sábanas con restos de otros cuerpos, dos besos: el de la madre al niño y el de la amante que oprime sus labios contra la boca amada, depositados con la secreta convicción de que se ha vencido al tiempo. Vivimos para llenar el pasado de imágenes. Sin ellas, lo que espera es una cáscara seca por el sol y la vida, un montón de cenizas mojadas por la lluvia.

 

JUAN CAMERON

 


  

Escrito en Estocolmo

 

Y qué será de Patricio?

Con su ceñudo gesto se echará unas copitas en memoria

de quizá cuál recuerdo / nieve  / luz artificial 

 / el silencioso túnel de algún Metro

camino hacia sí mismo (el timbre de un teléfono irrumpe en el poema)

Su voz apenas queda registrada en la imagen

-una fotografía fechada hace unos años-

resuena en la consola al reinventar su nombre​​ 

La pantalla es oscura

El ceño es de mi padre  la calva de mi abuelo

su amor al viejo libro lo copió desde niño

y ahora entiende a Shakespeare y se ríe en los buses suburbanos​​ 

 de sus tontas novelas medievales

Lo miro en este texto:

tiene casi la edad que yo tenía en ese instante en la misma ciudad​​ 

 cuando llegaba

sin saber de un regreso​​  (el timbre de un teléfono extiende sobre el tedio

 su ruido por la tarde)  Es ya casi verano

y ahora los papeles se invirtieron como puntos cardinales

 (lo dijo Ángel González) que ocultan sus ganancias:

tiempo tiempo tiempo​​  

Traquetea el olvido como un tren subterráneo

y en cada andén el viento levanta algún retrato

-un cómic arrojado desde un tren extranjero¹-

que alza como un hijo en repentina risa

     y lo arrastra a lo oscuro.

 

  

1.- Nota: Íbamos en busca de la libertad de América/ El tren era un cansado jadear sobre la pampa/ y esas líneas te dije son trampa para incautos/ Lancé por la ventana tu revista/ y con ella -ahora sé- deshojaba mi imagen/ Has cobrado esas páginas/ cada cuadro cada globo cada color has revisado/ Difícil detener ahora esa marcha/ aullar como ese tren antes del túnel/ bajar y recogerla entre los ​​ restos/ cambiar de itinerario/ Éramos cuanto somos quizá algo más pobres/ o más aventurados/ Tal vez eso olvidaste mas no aquel cómic/ Cada palabra tuya lleva rencor en su trazado/ y a veces florece con el vino/ al paso de la ausencia/ No hay fin para esta historia/ es parte del guión equivocado/ panfleto de algún cuento/ que silba en la memoria y nos persigue/ como el retrato de una estación ya muerta.

 

PABLO GARCÍA CASADO

 

 

 

Garner, NC

 

pongamos que él tiene 30 y ella 17

música de tom jones los dos bailando muy juntos

en el centro de la pista pongamos que se deciden​​ 

 

que ella se entrega en el servicio de caballeros

 

que pasan tres días y tres noches encerrados​​ 

en el hollyday inn baño piscina vistas a la carretera

que él es un maníaco que ella hace cosas delante de una handycam sony de 8 mm. cosas que al principio duelen y luego duelen más

 

que despierta en la cuneta de la 95

aturdida por el efecto de los somníferos​​ casi desnuda​​ 

como los hijos de la mar

 

y que espera el autobús en algún punto del mapa después de caminar toda la noche con los zapatos blancos en la mano fogueada por los faros de todos los camioneros

 

 

 

MARIANO PEYROU

 

  

 

XI

 

Distingo el silencio de las piedras del silencio de las nubes.
Dejo de distinguirlos.

 

DIEGO ESPÍRITU

  


 

 
Un volcán       las calandrias que no corren
el zacate seco       un abrazo incinerado a la mitad de la catástrofe
: todo es tan gris bajo el cielo       —él mismo—,
: una interminable conflagración de pastizales con flores amarillas
valles uno sobre otro superponen la vastedad
(estamos lejos de las cosas que solían quedar cerca)

cicatriz de acero donde —la cruz—
atraviesa el rostro de asfalto
—suástica como ceniza en la frente que marca una fachada—
: articula lo invisible
                         —la gradual metamorfosis de la propia imagen—
cirios coronan una calavera en la cúspide
las tumbas son el cimiento —futuras civilizaciones—,
panteones ocultan el estrato; grietas, el hundimiento permanente

 

AUGUSTO RODRÍGUEZ

 


 

 

Los juguetes tienen vida propia

 

Los juguetes tienen vida propia
y salen en las noches
a destruir sueños infantiles.
Les gusta asesinar niños
que no tienen cama, sábanas,
ni guarida.
Los juguetes se meten
en sus cabezas
y lanzan misiles como en Siria.
Los niños no lo saben
pero los juguetes
son sus pequeños rivales:
quieren ahogarlos, golpearlos,
atosigarlos con preguntas vacías.
Quieren matarlos
en el sigilo de la noche
pero los niños duermen
y no se enteran de nada.
Sacan cuchillos de plásticos
y les atraviesan el corazón.
El corazón de un niño
es como una roca dura
debajo de la tormenta.
Los juguetes esconden
sus pertenencias
para que los padres castiguen
y golpeen a sus hijos.
Los juguetes
son como hermanos menores
y son muy envidiosos.
Padres, no compren
más juguetes para sus hijos.
Niños, no jueguen más con ellos.
Duermen con el enemigo.