miércoles, 24 de mayo de 2023

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

 

 

Una vez

 

Una vez, fuimos a la playa El Revolcadero a eso de las cinco de la tarde.
No era la hora más adecuada para ir a esa playa, dijiste, dijo él,
llegamos y oscurecía.
Como un ave del mal agüero, encontramos a tu padre en el microbús,
cuando íbamos de camino.
Tengo una fotografía de tu espalda caminando
por el borde del río que daba al mar.
Yo ya estaba embarazada de nuestro primer hijo
y tú no habías, aún,
desdoblado la violencia que nos destruiría
pero ya hacías todo de mala gana
y de todo te quejabas.

Ayer soñé contigo,
en el sueño,
llegaba de la capital con nuestro primer hijo
y yo quería irme de nuestra casa lo más rápido posible,
pero me decías que me quedara.

En la realidad, nunca me dijiste que me quedara, solo la primera vez.
Caí en un pozo tremebundo del que todavía no me he repuesto.
La gente puede verme sonreír por fuera, pero estoy destruida por dentro.
Tú me destruiste. Yo me destruí por no salir a tiempo de tu perímetro.
Por no tener las herramientas para hacerlo.
Nada de culpa.

Podría haber sido ayer esa tarde que, redonda de ti, caminé tras tu torso.
Nos sentamos en la arena,
sonreíste.
Un vigilante nos dijo que era un área privada,
nos movimos más cerca del agua.
El mar era tan oscuro
como todas tus palabras,
el mar era tan grande como mi vientre
tan lleno de ti.

Ya no quiero pertenecerte
ni volver a pertenecerle a nadie
no quiero volver a caminar tras promesas efímeras,
pero hay muchas imágenes de ti que no se borran de mi cabeza que,
inútilmente,
intenta comprender
por qué elegimos la violencia.

 

De: “Más allá de la aureola marrón y núbil”

 

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