miércoles, 24 de mayo de 2023

OFELIA PÉREZ SEPÚLVEDA

 

 

 

Luminiscente

 

Blanca, arrebolada a veces,
la flor de la amapola se mece allá en el fondo.

Ni es rosa de los vientos
ni virgen dolorosa.

Es solo flor.

Es ningún crisantemo
en ninguna solapa
de ningún saco,
pero la veo,
y mi corazón en ella se traduce.

De más acá
donde se mecen las prendas
de mi amado cielo
donde exprimen mis manos
sus caricias
olorosas de quien no viene
porque allá la ciudad es peligrosa,
pero ya verás
qué grande es el arco donde tú y yo dormiremos
 victoriosos.

Y mientras, vidita santa,
a lavar la ropa
porque no hay quien pague la renta y la despensa.

Ahí está,
centelleante,
mi faro de tormentas.

 

De: “La piedra y el exilio”

 

 

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