Aceitunas
negras
¿No
será por fin la muerte
una
cocina interminable?
Pablo
Neruda
A la
muerte es preferible cubrirla de halagos, inclinarse ante su tez color avellana
como creía Pavese o de un negro rotundo según el heraldo Vallejo que, entre
burros andinos y cálices funestos, doblegó a la gramática con una piedra en el
abdomen.
El nieto de abuelas chimúes murió en plena primavera en su París de ayuno,
lejos de la España de cadáveres tristes, utopía traicionada como suele ser su
sino.
En su tumba en Montparnasse alguien rellena los jueves un frasco de aceitunas
negras del Perú. Lo mejor para aderezar un filete de pollo con pimiento,
espinacas y nueces pecanas como le gustaba al poeta.
De: “Don de la ausencia”
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