Indulto
Me
sentaron en una mesa larga
donde ninguna mosca osó siquiera entretenerse
mirando mi traje de dos piezas.
Dijeron ellos mi nombre
y preguntaron
cómo te sientes, qué tal este día por la mañana.
Traté
de no escurrirme,
no lamí sus dedos ni orejas.
Eres
un hombre libre,
dijeron ellos.
y me sacaron
como a un perro que sacan de la casa,
después de haber orinado hasta vaciarme.
Por ahí se fue mi alma, pensé
y vi las mismas calles que anduve contigo.
Yo
bien que sabía cómo llegar a tu casa,
pero me entretuve mirando a los niños en el parque
y uno de ellos
me golpeó en la mejilla, con una piedra
gris, redonda.
Yo
bien que sabía cómo hacer sangrar su cara,
pero me alejé
hasta llegar al cementerio
y me detuve a llorar.
Yo
soy el hijo pródigo que regresa al hogar
con una goma de mascar en los bolsillos.
De: “La
piedra y el exilio”
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