martes, 6 de octubre de 2026

HÉCTOR RIVERO

 

 

 

Retales

 

Hay algo de profecía en las mudanzas,
la repetición de encontrar lo nuevo,
dejar el pasado —como huella ligera— a un desconocido.
Cada traslado es un comienzo de nuevo;
búsqueda que acaba sólo con la partida.

Las personas son pequeñas piezas que se mueven
y las casas permanecen sin grandes cambios.
Se mezclan los dolores antiguos con los nuevos.
Las viviendas lo aceptan,
condenadas a nuestro deseo.

Sólo permanecen las cosas pequeñas.

Es la lluvia lo único que insiste.
Señero bálsamo que apacigua los males.

Cada lugar es la historia de sus habitantes
redescubierta por los nuevos moradores,
matizada con intentos de existencia.

He dejado algo pequeño en cada una:
una moneda un libro de botánica   un cake de tierra…
Las casas esconden los sueños,
los cobijan de la intemperie
y cuando ocurre el intercambio uno a veces los olvida,
los deja al descuido.

Deja atrás el vitral del cuarto     los peces muertos,
el miedo a la oscuridad         las caídas
el moho húmedo de las paredes
los gorriones posados sobre la tendedera,
la cuchara de plata           las arañas,
los hongos de la puerta del baño…

Cuando uno se muda lo deja todo
y todo comienza de nuevo.
Contigo se va la voz que martilla:
no debes volver la vista cuando abandones tu casa.

 

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