Retales
Hay
algo de profecía en las mudanzas,
la repetición de encontrar lo nuevo,
dejar el pasado —como huella ligera— a un desconocido.
Cada traslado es un comienzo de nuevo;
búsqueda que acaba sólo con la partida.
Las
personas son pequeñas piezas que se mueven
y las casas permanecen sin grandes cambios.
Se mezclan los dolores antiguos con los nuevos.
Las viviendas lo aceptan,
condenadas a nuestro deseo.
Sólo
permanecen las cosas pequeñas.
Es
la lluvia lo único que insiste.
Señero bálsamo que apacigua los males.
Cada
lugar es la historia de sus habitantes
redescubierta por los nuevos moradores,
matizada con intentos de existencia.
He
dejado algo pequeño en cada una:
una moneda un libro de botánica un cake de tierra…
Las casas esconden los sueños,
los cobijan de la intemperie
y cuando ocurre el intercambio uno a veces los olvida,
los deja al descuido.
Deja
atrás el vitral del cuarto los peces muertos,
el miedo a la oscuridad las caídas
el moho húmedo de las paredes
los gorriones posados sobre la tendedera,
la cuchara de plata las arañas,
los hongos de la puerta del baño…
Cuando
uno se muda lo deja todo
y todo comienza de nuevo.
Contigo se va la voz que martilla:
no debes volver la vista cuando abandones tu casa.
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