martes, 6 de octubre de 2026

LUCÍA PI CHOLULA

 

 

 

Memoria material de la tortura¹

 

Un deseo reprimido, una pulsión de muerte.
Si se queda en ti, el tejido de las fibras alucina,
se deforma, deja de ser abrigo.
Se llena de arrugas y agujeros,
de hilos que salen por doquier
y mutan en ácidos y prótidos,
lípidos y carbonos
que no mueren.

En la galera de diagnósticos
un brebaje corrosivo invadía tus huesos.
Yo te llevaba todos los jueves a que te inyectaran veneno.
Aún no entiendo cómo salías de pie
con hambre, con poco sueño;
aún no entiendo cómo seguías siendo tú
si morían ahí todas tus células.

La galea aponeurótica,
el punto más alto de mi cuerpo,
insiste en convertirme en tierra.
Hilos de neurosis forman el tejido de mi manto.
Una vela blanca empujada por el viento.
Una galea encallada en la playa:
tierra desconocida, despojada, desierta.

Sobre galeas en desuso cruzo el mar que te inunda el pecho.

Te recuerdo corriendo por la playa,
cuando la distancia entre tus brazos y mi cuerpo se hizo insoportable.
Tenía siete años y medio
y muy poco conocimiento del mundo,
confiaba plenamente en el mar,
mi casa que ahora es tuya.

Mi galea aponeurótica se sumergía provechosamente en las aguas de Acapulco
y volvía a salir
     con manos llenas de arena y comezón en los ojos.

Años después te hundiste sin cuerpo
y te volviste alimento de crustáceos.

Dios no existe, tú tampoco,
       pero siempre serás la hacedora del mundo.

 

1.- Galea aponeurótica: Cubre la parte superior de cráneo; está relacionada íntimamente al interludio de la firme, densa, capa de grasa y fibra que forma la fascia superficial del cuero cabelludo.

 

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