Esplendor
El
sol
de
Montevideo
ingresó
por la ventana 506
no
es una suite
ni
el Cervantes
tiene
que saber
que
la 205 dejó de iluminar
desde
que tejimos
nuestras
palabras.
Invertimos
el hambre
para
desayunar
sin
subir al sexto piso
y
descubrimos
en
los claveles bajos
del
deseo
pimienta para el mañana.
Cuando
nos entregaron
sábanas
nuevas
la
piel
relajó
el día
en
el aceite de sus horas.
La
siesta llegó
para
arrullar en tus cejas
los
versos circulares
Y
el anochecer
los
hizo volar
desde
tu voz.
Ahora
cuento
los minutos
de
mis palabras
cuando
asoma el recuerdo
de
tu sonrisa llena
pajarito.
Ya
retoma la madrugada
y
cada ala de dobla
como
hojas
que
parten su estación.
Petrone
tenía razón
cuando
miraba desde la suite
un
pedazo de cielo, casi inútil
si
el sol
es
un aro de olvidos
que
arde hoy su desamparo
en
la 506
se caen
láminas de nuestra memoria
cuando
el hotel
cierra
sus persianas
y ésta mirada
intenta
sujetar el duelo
de
otra puerta condenada.
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