III
Por
más que coloco la garra de metal encima y justamente encima de la cabeza del
oso disfrazado de bombero, y por más que la hago bajar con precisión sobre
ella, el oso se escapa.
Miro
entonces el esfuerzo ajeno. Las cinco o seis veces que una sola persona es
capaz de intentar e intentar. Yo intento una vez por ocasión que visitó a la
máquina atrapapeluches. Respeto el devenir del azar más que el del mérito. Pago
mi moneda de 5 pesos por una jugada azarosa y espero con ansia de revelación
ese peluche. Lo espero como se espera el oráculo de la máquina de circo que
adivina el futuro.
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