HAY
un árbol
en Varsovia
al lado de la biblioteca de la Universidad,
parece un árbol
cansado.
Los verdes que lo delimitan
se confunden con el suelo y las paredes.
Siento vértigo: las estatuas
en esta ciudad no tienen rostro.
Siento
náuseas
ante las escaleras.
Derribo señales y semáforos,
una plaga de vías de ferrocarril.
Espacios
abiertos arrasando las ventanas,
mapas asfaltados que juegan a ser planos.
En Polonia
todo es un escondite.
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