miércoles, 11 de octubre de 2023

MARÍA GONZÁLEZ

  

 

 

 

HAY
un árbol
en Varsovia
al lado de la biblioteca de la Universidad,
parece un árbol
cansado.
Los verdes que lo delimitan
se confunden con el suelo y las paredes.
Siento vértigo: las estatuas
en esta ciudad no tienen rostro.
Siento
náuseas
ante las escaleras.
Derribo señales y semáforos,
una plaga de vías de ferrocarril.

Espacios abiertos arrasando las ventanas,
mapas asfaltados que juegan a ser planos.
En Polonia
todo es un escondite.

Varsovia no se congela.
 
 

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