HE
DESEADO A UN HOMBRE que jamás me tocaría.
Un hombre con cuevas bajo la boca,
de tórax henchido y perfil helénico.
He deseado
su
aliento impuro bajo mi frente,
su
forma de estudiarme tras las hojas,
su
carne.
He quedado vacía de alimento,
he quedado inconclusa.
Sobre
todo,
he deseado su mirada en mí.
Lo
he deseado tanto
que
hice sangrar sus uñas,
que
me mordí la lengua, que le robé palabras.
Y cada noche, cuando nadie me sentía,
rezaba como un inocente reza en los altares,
deseando un hombre de pies y metatarsos enraizados al cemento,
un hombre que volaba como vuelan las alondras.
Ahora,
observo cualquier día
la imagen de ese hombre inalcanzable.
Parece un niño hermoso entre alhelíes,
despliega su sonrisa y no es por mí.
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