martes, 10 de octubre de 2023

ROXANA ELVRIDGE-THOMAS

 

  

 

Sémele

 

Rasga la entraña su aliento.
El vigor de sus ojos calcina la dermis.
Su vasta presencia desuella los muros.
Sus pasos desatan tormentas de fuego.

Se recuerda mirando, al borde de la tarde, un cuerpo perfecto avanzando hacia ella. Sus muslos de ámbar, sus brazos de atleta, sus rizos que enmarcan el rostro felino.

Laceran sus labios la brisa.
Su vientre aniquila sentidos.
Su torso es centella que embate certero.

Su aroma, naranja cuajada al ocaso, su lengua un grato ofidio danzando entre pliegues, su palabra tentadora. Yacieron perplejos. ¡Qué dulce el fulgor de sus sienes! ¡Qué suave ese cutis de ciervo abatido! Dijo que era el Uno, encerrado en esa deliciosa vestimenta.

Exhala un vapor: carcome cortinas.
Su piel de relámpago impregna la alcoba de cruentos rugidos.
Derrite los hierros, trasmuta el dosel.
Mi túnica arde, la vista se quiebra.

No es Zeus, te engaña. Le dijo la criada. ¿Por qué se presenta en atuendo de joven? ¿Por qué no se muestra en  su real esplendor? Seduce engañando, se marcha artero. ¿No entiendes? Te busca aspirando a robar tus argollas. Descubre su rostro, anula la trampa. Pide que se muestre cual Sumo deseante, que embriague tu cuerpo con furia y poder.
Pidió a su amado la prueba.

Estalla tifón de antorchas.
Desgaja tendones.
Su voz me desteje.
Mi rostro es la pira que resta en el llanto.
Su abrazo me abrasa en feroz combustión.

De: “Kratos”

 

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