Frontón
Con
cada golpe
se mapean trinquetes,
laterales,
rebotes.
La furia muscular que los impulsa
traduce para sí
antiguas conmociones,
como si en la vaguedad de tanta adrenalina
se hablara de infidencias.
Se pudiera resarcir,
con mano urgente,
la sensación de la gloria arrebatada,
el claudicar sin propias certidumbres,
cuando rival e inercia se equiparan,
y quedas a merced de un acierto pendular.
Viene
hacia ti la esfera,
la arcana flecha/el plomo que lesiona
con la urgencia
y el hambre de las que nada sabes.
Al menos,
no consigues entender.
Pero
aun así golpeas.
Vacías tu rabia,
haces que nuevamente impacten
las falanges,
el carpo,
las texturas.
Y más allá,
en las evoluciones de este juego,
pareciera que todo es resoluto
entre dos contendientes
y el límite de ciertos coliseos.
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