sábado, 14 de octubre de 2023

AUGUSTO RODRÍGUEZ

 

 

 

Contar nubes es una profesión antigua

  

Contar nubes es una profesión antigua
que te llena la retina de oro.
Cada nube (sobre todo en mi ciudad)
tiene una forma ancestral
que vale la pena observar.
Las nubes se esconden de otras nubes
saltan como toreros entre la sangre
andan en caballos por los campos
gotean vidrios de aire.
Miramos las nubes para ver si alcanzamos
a ver el rabillo de un ángel o descubrir
la casa de Dios.
Cada niño sabe que una nube le pertenece
y la cuida, quiere tocarla y masticarla
como pan de azúcar.
Cada nube trae su propio idioma
y sus recuerdos intactos.
Quiere enseñarnos una parte oculta
de nosotros mismos.
Sabe que el destino humano
está ahí, debajo de sus vértebras.
Cada nube lleva su antorcha y su río seco
a las espaldas.
Navega en calles silenciosas
y poco traficadas.
Cada nube
es como una fruta madura
que se sumerge
en la mermelada del tiempo.
Depende del lector atento
saber descifrar lo que nos diga
y que nos ilumine
con su lámpara de algodón.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario