Mašhīt
Lo
mismo da
que sea en Egipto, en Nínive o París.
Que diques de soberbia los resguarden
o escondan sus anillos en la lengua de los gatos.
Lo mismo da
que una egregia máscara ilustrada
adorne su obsceno bienestar
que
aniden en el légamo
o tuerzan sus miembros en vagones saturados.
Lo mismo da
que esté escondido en nublos
plazas
muchachitos
aguardando el mandato.
Da lo mismo:
Mi luz
tan
pálida
inunda
esos cuerpos
llevándome en el puño el corazón con un suspiro.
El empuje de mi aura desbarata construcciones
ahoga
en pánico callejas.
Mi paso cimbra las baldosas
mis pupilas emanan turbación.
Al unir las yemas de mis dedos
abato sobre altivas nucas cascadas de ardientes pedernales.
Brocal de cólera resbala sobre rostros.
El tajo de mi daga
mancilla brisas
muros
primogénitos.
Soy quien cumple los decretos
quien despliega el producto de la ofensa
quien recorre de púas las entrañas
quien labra monogramas en las frentes infractoras.
Mirando, purgo de rastrojos superficies
rompo las madejas de los cuerpos.
Da lo mismo:
Ellos yerran.
Él
castiga.
Yo
obedezco.
De:
“Kratos”
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