Dejo
mi cueva abierta,
mi sombra en la pared,
mi luz en el espejo
de la deformidad.
Dejo mis huesos rotos
en cajitas flotantes,
el abrupto oleaje
de la memoria.
Dejo también mis carnes
escasas y mordidas,
el peso en la balanza
de la obsesión.
Dejo el día confuso
y las tardes espesas,
el misterio y la huida
en las manos oscuras
de la nocturnidad.
De: “Caída de ballena”
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