sábado, 17 de octubre de 2026

OSVALDO AGUIRRE

  

 

 

El trasplante

  

De la casa familiar
con diez habitaciones,
vitrales en una sala
que se encendían
al atardecer,
del patio, la quinta,
el camino bajo las casuarinas,
guardé un poco de tierra
curtida por las heladas
en una linda maceta
con una planta
cuya especie ignoraba.
No era un lirio rojo,
como pensé en un momento
de entusiasmo,
porque dicen que el lirio rojo
favorece el amor
y la seducción,
sino una clivia
de hojas ásperas y esbeltas.
Diosa de la intemperie,
sé que aguanta
la falta de agua,
la soledad y el silencio
porque cada vez
que volvía de viaje
la encontraba de pie,
en el balcón
de un departamento
céntrico, a solas.
Ahora se la doy
a mi hijo,
para que la riegue
como conviene,
la ponga al sol
y espere, al final
del invierno,
su flor,
como una miniatura
de un mundo
que se perdió.

 

 

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