Mi
doctor nunca fue a la escuela
Yo
habría hecho lo mismo. Inclusive,
lo hice.
Nos conocimos un día en que ambos estábamos
en cualquier otro lado menos
en el salón de clases. Le mostré un colador y le dije: es
mi mano. Llevo
días
así. Tú dirás que mi mano es la que lo sostiene pero, sabes? No,
mi mano ha sido siempre esta coladera.
Mi
doctor no es estúpido. Las metáforas
le importan muy poquito.
Como no fue a la escuela, es literal a un grado extraordinario.
Me
leyó la fortuna y luego usamos
lo que no era mi mano, para cernir un poco
de tierra de panteón.
Desde
entonces poseo una salud de hierro.
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