Heráclito
En
la casa en la que nacimos había dos baños/ uno estaba inutilizado/ era grande/
y estaba pegado al dormitorio de mis padres/ jugábamos en él con mis hermanos/
a hacer batallas con los soldaditos/ el otro quedaba en un pasillo angosto/
donde también estaba el lavarropas/ al que había que esquivar/ para pasar al
baño y darse una ducha/ de parado/ con agua fría en verano/ y en invierno
ponían alcohol de quemar/ en la cabeza de la ducha/ para calentar el agua/ un
peligro. / Nunca tuvimos bañadera/ y ni bien nos mudamos a una casa nueva/ que
mi padres compraron con mucho sacrificio/ hicieron sacar la bañadera y poner
una ducha individual/ como hay en los hoteles de paso/ era un matrimonio/ que
nunca se relajaba/ nunca flotaba/ había que estar de pie para poder bañarse/
hoy lo ayudo a mi padre que apenas puede moverse/ para que se pueda bañar/ lo
sujeto como esos titiriteros de la calle que hacen bailar al muñeco/ qué pena
no tener una bañadera grande donde sentarlo/ cuando somos jóvenes no pensamos
en la vejez/ y tal vez esté bien/ lo agarro con una mano y lo enjabono con la
otra/ él grita/ cuidado, dice/ le duele todo/ se empañan mis lentes por el
vapor/ como suele pasar en ciertas películas/ cuando la cámara se moja por el
agua o por la sangre/ y el director decide dejarla / pero quién es el director/
en este caso?
De:
“Envíame tus poemas y te enviaré los míos”
No hay comentarios:
Publicar un comentario