Todo se nos cae de las manos
Un
hombre dijo
“esta pala es mía
y lo será siempre”.
Un
hombre que amaba
su pala.
“Las
cosas pueden pertenecernos”
decía una
y otra vez, mientras
la lustraba
cuidadosamente. Pero
una mañana
el hombre estaba frío y azul.
La pala ya no era amada
por nadie. Eso mismo pasó
con una mujer y su hormiga, con un niño
y su barra de metal.
Nuevos reportes
llegan cada vez que exhalamos.
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