Mar de adentro
Sólida sustancia amarilla: residuo del sol de mi
cerebro. Según su consistencia, húmeda o seca, el cerumen puede ser herencia
genética dominante o recesiva: mis oídos segregan la segunda, perteneciente al
genotipo asiático y amerindio. Igual que ese desecho, cuyo resplandor seboso
corona mis mañanas, soy lo que resta de genes, palabras y rostros que cruzaron
por el estrecho gélido para asentarse en tierra nopales. Minúsculo y cerúleo,
concentras el color de flores no vividas, de fuegos apagados por la huida y
mangos saboreados en la primaria. Minúsculo y viejo mar manando por el caracol
de mi oído. Pertenezco a una raza pronta la extinción, estamos de más. Como en
el cerumen mueren los sonidos que prefiero no alojar en mi memoria, yo me
deslizo entre palabras, me segrego de los gritos, cerilla me consumo.
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