Playlist
No es que la playlist me dijera qué hacer, pero ayudó. Con ciento doce horas de
voces fantasmales cantando en un sin número de lenguas, alguien que conocía sin
saber la había urdido y lanzado al espacio donde la pesqué y guardé para otro
momento. El momento llegó y me agarró preparada para recibirla en cualquier
orden. Esa era la ordenanza. De lo continuo, dios del canto. Aunque yo no
canté, siempre escuchaba. Caminando durante un chaparrón, arraigándome a la
cama que alquilé mientras el corazón daba retumbos. Era un intérprete. Cuando
andaba desolada, me lo decía. Cuando mi pensamiento se tiraba asombrado de
cabeza a lo que estaba por venir, me lo decía. Cuando me acordaba de que no
pasé la vida con quien yo me decía que podría hacerlo, que los cuerpos son
dientes de león, que el vínculo con cualquier lugar es algo imaginario o corre
por su cuenta, que le juré obediencia a este mi oído interno, que yo era
solamente una persona, me lo decía. Cuando decía algo que no quería escuchar,
saltaba a la siguiente. Cuando cambié, cambió.
Versión
de Daniel Lipara
De:
“Centro”
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