domingo, 3 de diciembre de 2023

JULIO MARÍA

 

 

 

Telémaco gatea desnudo en las playas de Troya

 

Lo épico,
   lo heroico, lo realmente
extraordinario, hubiera sido Ulises cargando a Telémaco,
la odisea completa con su hijo en brazos. Un columpio en la arena.
Soldadito de bronce. Ternura del ámbar. Telémaco
   montado en los hombros de su padre. Un bebé flotando
por encima de los cascos, sobre los escudos, los arcos, las espadas.
Un bebé contemplando las estrellas, el fuego de las murallas,
balbuceando entre aedos y rapsodas, Telémaco, no chupes la lira.
   Eso hubiera sido
lo difícil, un rey de dos cabezas, la fiebre,
el berrinche por las noches, el vómito
entre los pechos de Briseida. Agamenón desvelado:
“No soporto ese mocoso, dénselo a los perros.
No necesito a Ulises para ganar esta guerra, Atenea,
por favor, cómetelo de un bocado”.
   Imagina.
Ocho mil soldados en pausa, sudando bajo el sol de Troya.
Ocho mil estatuas de bronce, esperando, la orden de su rey.
Ulises bañando a su hijo en la bahía. Un niño desnudo
viendo hombres morir como si nada, aprendiendo a mentir
como si todo. Eso hubiera
sido lo hermoso. Que Calipso lo adoptara sin rencor.
Que Circe lo besara sin veneno. Caballito entre flores de acanto.
Un príncipe montado en un cerdo, feliz con su corona de olivos,
feliz cumpleaños, Telémaco, hijo de Ítaca, dormido en la panza
del cíclope. Polifemo derrotado con ternura, no con inteligencia.
Eso hubiera
   sido lo bello,
la epopeya: un padre y su hijo atados a un mástil
para escuchar la voz de las sirenas. Ulises y Telémaco
llegando a Ítaca con los mismos ojos, las mismas cicatrices.
Que el viejo Argos los olfateara moviendo su cola
en un palacio vacío. Que no encontraran ningún telar,
ninguna torre, ningún recuerdo.
   Que Penélope se hubiera ido, ya,
desde hace años.

 

De: “La isla que canta”

 

 

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