domingo, 3 de diciembre de 2023

ESTEFANÍA ARISTA

 


 

Loba

  

A menudo cuando debo disfrazar la verdad
la saco de mis bolsillos y la aviento a la mesa
en la que estamos comiendo.

Es la pieza de Lego o de madera
con los orificios de triángulo, círculo, cuadrado.

Pero la he moldeado y decorado tanto
que en ningún momento es digna de encajar
en el juego de otro.

En voz alta te la ofrezco a ti
y cuando la tomas entre tus manos
los niños son los únicos que entienden tu euforia.

Inspeccionas la verdad desde el otro lado
de la mesa. Me das la espalda para recoger
una cuchara del suelo,
veo el tatuaje de loba en tu hombro,
la mariposa que hierve tus mejillas,
y en tus tobillos
las mismas ámpulas
que mi mamá se cura en las noches.

Nos veo como personajes
en un escenario de cuerpos enfermos
en el que no cabe hablar de amor
pero sí de este abrazo:
—Yo tengo epilepsia.
—Yo tengo lupus.

El mundo empieza a fracturarse
cuando dejamos de ocultar tu diagnóstico
y el mío:
atrapamos la verdad con los dientes
y salimos corriendo.

 

De: “Hipocampo”

 

 

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