sábado, 9 de diciembre de 2023

ANA PORTNOY BRIMMER

 

 

 

 

Noche de San Juan
 

Me fui de Puerto Rico
una Noche de San Juan.

Quiero decir, aullé
por la ventana del avión

como las sirenas y los satos
que nos acuestan a dormir

por la noche. La tradición estipula
que a la media noche debes caer

de espaldas en la mar
al menos tres veces

para asegurar la buena fortuna
todo el año. Las maletas empacadas,

observé desde mi ventana
en Luquillo cuerpos caer

como hachas sobre la salmuera,
quebrantando como troncos río abajo.

Maravillada por la fe
en el agua. En la noche

y el caer en ella.
La creencia en la magia

y una extraña providencia—
cómo podría conjurar

una insurrección, expulsar
al gobierno actual,

desaparecer la maldición
del colonialismo.

Cayendo una, dos, tres,
cuatro veces sobre olas venideras,

una quinta por si las dudas,
esperanzadx que lanzarte

como arpón al océano
cambiará las cosas.

Así vería a la isla por última vez:
tajando la profundidad,

buscando pescar una chapita
de aguante, esperanza.

Así le dejaría:
sabiendo que las cosas

no cambiarían —o peor aún,
cambiarían sin mí.

Todxs cayeron de espaldas
en la falda del Atlántico o el Caribe.

Yo abordé un vuelo
de madrugada. Mi espalda

estremecida, seca, sin
la bendición del agua.

 

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