martes, 20 de octubre de 2026

DIANA DEL ÁNGEL

 

 

 

Baldío

  

Yo no sé decir mi cuerpo,
se me quebró una noche
y sus nombres se perdieron.

Sangró por finos cortes,
fue quemado en días ebrios,
pero yo no estuve en él;
no sentí  el dolor,
sólo vi su piel con marcas.

Entre mi cuerpo y yo
no había palabras,
lo habitaba como se vive
en una casa abandonada:
temiendo el desalojo.

A veces venían a verme, 
oía que me llamaban,
tal vez me acariciaron.
Oculta en el sótano
o al borde de la azotea
esperé su partida
para llorar su ausencia. 

Yo no sé decir mi cuerpo
por eso digo barranca,
grito escombro,
asco de humedad,  lo  proclamo
hilo en que me deshilvano a diario;
lo declaro campo de sal,
donde las palabras
mueren sin dejar huella.

 

II

Hubo una puerta
lo sé, como se sabe de un hueso roto
como se sabe el sabor de la saliva,
como se sabe el hervor del agua,
como sabía en la infancia cambiar de nombre,
como supe un día cómo cruzarla.



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