martes, 20 de octubre de 2026

ANA PORTNOY BRIMMER

 

 


 

Un huracán vino y se fue.
¿Qué le decimos a nuestres hijes ahora?

Diles de las aguas. Aquellas por las que vadean,
   que arden en sus labios. Diles que no le teman a las olas

que les bautizaron. Que el calor crece como un feto
   y a partir de junio, otra marejada abortará en el viento.

Cuéntales de Guabancex. Diosa de una furia
destructiva y absoluta. Juracán, la tormenta que arremolina.

La palabra hurricane, traducción bastarda—a la deriva
   de boca en boca. Diles que hurricane resopla árido e inmóvil

en la lengua—en titulares comestibles,
   intercambios ligeros de camino al trabajo.

Hurricane suena a caña de azucar entre vendaval
   —hierve en la bilis y asciende por la garganta.

Adviérteles que no digan esa palabra. Que insistan, Juracán.
   Que te abra la boca de ráfaga, que te parta el miedo a escombros.

Nuestres cuerpes lo bailan,
   nuestro deseo ruge en espiral.

Nos organizamos ciclóniques
   inhalamos desamparo, exhalamos tormentas.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario