Pájaro
de Saqqara
El
niño extiende sus brazos
para imitar
la breve voz del ave.
Basta el extraño suspiro
con el que el viento
mece las palabras,
para iniciar un ritual de vuelo.
El aire es un cajón
a medio abrir
por donde se escapa
la risa de los antepasados
y los nombres por venir.
Lo mismo hace el arqueólogo:
la niña o el niño
dibuja con tiza en la pizarra
las complejas leyes de la aerodinámica,
la ciencia hecha de piedra,
el polvo de los números,
la sal petrificada,
y así adivinar un cielo oculto:
la boca extendida del pájaro
con la que el mundo dibuja una rayuela.
De:
“Diario para anunciar el fin del mundo”
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